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La segunda capital de los reyes macedonios fue la ciudad de Pella (unidad periférica de Pella, Macedonia central), situada entre los ríos Vardar y Lidias, no lejos del Golfo de Salónica. Se encontraba en una zona disputada por los tracios y la Liga Calcídica, cayendo en poder de los macedonios a principios del siglo V a.C. Cien años más tarde, a principios del siglo IV a.C., Arquelao I (413-393 a.C.) estableció en ella la capital del reino de Macedonia, sustituyendo a Egas y conservando este rango durante las dinastías de los argéadas y de los antigónidas. A mediados del siglo II a.C., al final de la Tercera Guerra Macedónica, la ciudad fue tomada por las tropas romanas y lentamente fue cayendo en el olvido.

Tumba con fachada dórica (Pela)

Tumba con fachada dórica en Pella

Durante los siglos XVIII y XIX se especuló sobre la ubicación de la ciudad, llegándose a finales del siglo XIX a la identificación del lugar en el solar que actualmente ocupan las ruinas gracias a la interpretación de la descripción de Tito Livio. Las primeras exploraciones arqueológicas fueron realizadas por el arqueólogo griego G. Oikonomos entre 1914 y 1915. En los años cincuenta del siglo pasado se reanudaron las excavaciones en varias campañas, una en 1953 y otra en 1957 bajo la dirección del arqueólogo griego Ph. M. Petsas, concluyendo en 1963. Desde 1976 se continúan realizando regularmente labores arqueológicas en el yacimiento.

Tumba con fachada jónica (Pela)

Tumba con fachada jónica en Pella

De los restos que las excavaciones han sacado a la luz, se constata que el trazado urbanístico de la ciudad responde a un plano hipodámico que tiene como eje una gran ágora central en torno al cual se disponen numerosas mansiones con suelos bellamente decorados con mosaicos. Además de los restos de edificios civiles, desde la década de los noventa se descubrieron numerosas tumbas bajo túmulo que siguen el modelo descrito anteriormente, muchas de ellas con fachadas encastradas, rematadas en un frontón. En 2008 han sido nominadas por la Fundación CICOP/Grecia-Hellas (Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio) para el programa Observatorio Mundial de Monumentos (World Monuments Watch) del Fondo Mundial para los Monumentos (World Monuments Fund). A partir de este reconocimiento se han promovido proyectos de conservación y restauración de las tumbas, en su gran mayoría datadas entre el los siglo IV a.C. y II a.C.

La antigua ciudad de Anfípolis (unidad periférica de Serres, Macedonia oriental) estaba ubicada en un meandro del río Estrimón, cerca de su desembocadura, y se encontraba dentro del territorio de la tribu tracia de los edones. Aristágoras, tirano de la ciudad jonia de Mileto, fundó en 497 a.C. en este lugar una colonia denominada Εννέα οδόι (nueve caminos), que fue ocupada por los edones tras la retirada persa de Tracia. Hacia 436 a.C. la ciudad fue tomada por los atenienses que establecieron una nueva colonia que recibió el nombre por el que es conocida. Fue muy disputada entre Atenas y Esparta durante la Guerra del Peloponeso, pues para la primera suponía un importante enclave estratégico en Tracia. En 365 a.C. el rey Pérdicas III de Macedonia (365-359 a.C.) se apoderó de la plaza que, a pesar de los infructuosos intentos atenienses de adueñarse de ella, fue ocupada definitivamente por el rey Filipo II de Macedonia, en cuyo seno se mantuvo hasta la conquista romana.

Tumba de Kasta (Anfípolis)1

Vista del muro circundante y de la entrada de la Tumba de Kasta en Anfípolis

La ciudad está rodeada por el norte, el oeste y el sur por el río Estrimón. El terreno donde se asienta se eleva hacia el este, que es donde se erige la acrópolis. Más al este aún es donde se encuentra la necrópolis. Aunque ya en 1934 la École française d’Atenes realizó una misión en la antigua ciudad, que tuvo como resultado el descubrimiento del denominado León de Anfípolis; las primeras prospecciones y excavaciones arqueológicas propiamente dichas fueron realizadas hacia 1956 por el arqueólogo griego Dimitrios Lazaridis (1917-1985) al frente de la Sociedad Arqueológica de Atenas. En la década de los sesenta del siglo pasado se iniciaron las excavaciones en la necrópolis en general y en esta tumba en particular y se han retomado hace apenas dos años. Así, en 2012 se reanudaron las excavaciones arqueológicas del gran túmulo funerario situado en la Colina Kasta junto a la antigua ciudad de Anfípolis. Desde los años sesenta del siglo pasado no se habían vuelto a hacer intervenciones en esta tumba; ahora, medio siglo después, se ha reemprendido el trabajo iniciado entonces, deparándonos gratas sorpresas. A principios del mes de septiembre de 2014 los arqueólogos han accedido al interior de la tumba y hasta estos momentos nos están revelado los últimos y sorprendentes descubrimientos.

León de Anfípolis (fines s.IV a.C.)

León de Anfípolis (finales del s. IV a.C.)

Según los datos proporcionados por los investigadores, el túmulo funerario tiene un perímetro de 427 metros y un diámetro de 158 metros, siendo por el momento el monumento funerario más grande de Grecia. El muro que lo circunda tiene 3 metros de altura y está construido en mármol blanco procedente de la isla de Tasos. La tumba data del último cuarto del s. IV a.C. (entre 325 y 300 a.C.) y su acceso se encontraba oculto por un alto muro de grandes sillares, que tras la retirada de algunos de la parte superior derecha, mostraron una entrada monumental coronada por dos esfinges acéfalas de 2 metros de altura esculpidas en mármol. En la cima del túmulo se han hallado restos que podrían formar parte del pedestal que sostuvo el mencionado León de Anfípolis. El interior de la tumba, que ha comenzado a explorarse hace apenas un mes, se compone de tres cámaras. Hasta ahora se ha excavado la antecámara que nos ha deparado un notable hallazgo, dos magníficas cariátides que flanquean la antecámara y que están erigidas sobre sendos pedestales de mármol que suman una altura total de 3,67 metros de altura. Ambas estatuas están concebidas con un sentido apotropaico para alejar el mal del incógnito difunto y protegerle en el más allá. Aún no sabemos quien estaría sepultado en esta tumba, si bien, ya se ha especulado que podría ser de Nearco, almirante de la flota de Alejandro Magno, o de Roxana, esposa del conquistador. Habrá que esperar a la excavación completa de la tumba para poder saber o deducir a quien albergó.

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