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La arqueología clásica de la Macedonia griega es la menos conocida de Grecia, eclipsada por las ruinas de época clásica del Ática o el Peloponeso, ha permanecido relegada de los circuitos de turismo cultural diseñados para el conocimiento del patrimonio histórico griego de la Antigüedad. A esto ha contribuido el hecho de que numerosos descubrimientos se han producido durante el último cuarto del siglo pasado y que su reconocimiento oficial, tanto nacional como internacional, no se ha dado hasta finales del siglo.

Fresco de la tumba de Filipo (Vergina)

Fresco de la tumba de Filipo II de Macedonia en Vergina (s. IV-III a.C.)

 A diferencia de lugares como Delfos o la propia Atenas, sitios como Egas, Pela o Anfípolis son prácticamente desconocidos. En este post vamos a hacer una incursión por estos enclaves, centrándonos en las necrópolis que albergan las tumbas de los principales personajes que estuvieron al frente del Imperio Macedonio antes y después de Alejandro Magno. Se han localizado cerca de un centenar de complejos funerarios en toda Grecia septentrional, en este artículo vamos a hacer referencia a algunos relevantes ejemplos.

Egas, la actual Vergina (unidad periférica de Piería, Macedonia central), se asentó en una zona que estuvo bajo control ilirio durante el siglo VIII a.C., pasando a manos tracias a principios del siglo VII. A mediados de éste, hacia 650 a.C., Pérdicas I (700-678 a.C.) estableció aquí la primitiva capital de Macedonia, pero no sería hasta mediados del siglo VI a.C. cuando acogería a una población estable.

En 1861 el arqueólogo francés Léon Heuzey (1831-1922), miembro de la École française d’Athènes, emprendió las primeras exploraciones arqueológicas. La Universidad de Salónica reanudó las excavaciones en 1937, pero fueron abandonadas a causa de la ocupación italiana a principios de la Segunda Guerra Mundial. Durante los años cincuenta y sesenta se retomaron las exploraciones, descubriéndose los restos de la antigua capital y excavándose medio centenar de túmulos de los alrededores. En 1977-1978 el arqueólogo griego Manolis Andronikos (1919-1992) acometió la excavación del Gran Túmulo, donde pensaba que se ocultaban las tumbas de los reyes macedonios. En esa campaña encontró cuatro tumbas, y tres más en 1980.

 Las tumbas se encuentran bajo túmulos de tierra y constan de una cámara y antecámara cubiertas con bóveda de medio cañón, cuyo acceso se estructura en una fachada encajada en el frente de la tumba, concebida a modo de templo clásico. Se erige sobre un zócalo a modo de estilóbato sobre el que se ubica la puerta enmarcada entre columnas de orden dórico o jónico. La parte superior se concibe como un entablamento que reproduce un arquitrabe con tríglifos y metopas lisas, un friso que puede ir pintado y en algunos casos un frontón que remata la fachada.

Tumba de Filipo II de Macedonia (Vergina)

Tumba de Filipo II de Macedonia en Vergina

Han sido atribuidas a diferentes monarcas de la dinastía argéada. Según Andronikos la denominada tumba II sería la tumba de Filipo II de Macedonia (355-336 a.C.) (descarga directa de PDF) y la tumba III la de Alejandro IV (323-311 a.C.). La primera tiene un arquitrabe decorado con tríglifos pintados de color azul y metopas lisas y un friso pintado. Durante los años ochenta y noventa han continuado las exploraciones y se ha especulado mucho con la atribución de las distintas sepulturas a los principales miembros de la casa real macedonia.

Todos estos descubrimientos contribuyeron a que el sitio arqueológico de Egas fuera declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996. Recientemente, en marzo de 2014 se han localizado cinco tumbas reales más que han sido estudiadas por la arqueóloga griega Anguelikí Kottaridi, quien las fecha en 420-410 a.C., algunas de las tumbas podrían haber sido la de Alejandro I (498-454 a.C.) y la de Pérdicas II (454-413 a.C.).

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