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Desde el mes de junio de 2014 el yacimiento de la Motilla del Azuer en la localidad de Daimiel (Ciudad Real) se encuentra abierto para las visitas al público. Se trata de un recorrido que comienza en el Museo Comarcal, situado en el interior del casco urbano, para posteriormente acceder al propio conjunto arqueológico, en un recorrido guiado de una hora de aproximación. Se puede acceder tanto de forma individual como grupal y para poder acceder es necesario comprar la entrada bien desde el portal Motilla del Azuer, o de manera física en el museo.

La visita a la Motilla corresponde con una experiencia peculiar puesto que permite adentrarse y conocer un enclave especial, el mejor representante de los yacimientos tipo “motillas”, una serie de establecimientos de la Edad del Bronce en el territorio de La Mancha (2200-1400 a.n.e.).

Reciben esta denominación ya que su abandono generó unos  montículos cónicos artificiales que se elevan sobre zonas eminentemente llanas como caracterizan el ámbito manchego. De todos ellos, la Motilla del Azuer es la más investigada y documentada, desde que en 1974 la Universidad de Granada comenzara las investigaciones en su interior.

A grandes rasgos en ella es visible dos grandes áreas, una fortificación de planta central en torno a un torre cuadrangular, mientras que al exterior se situaría una zona de hábitat con casas y viviendas de los habitantes del Bronce. Además, el espacio funerario se localizaría mayormente en este sector exterior, participando de unas pautas generalizadas en la Península Ibérica durante aquella fase.

Por un lado, el recinto fortificado presenta un diámetro en torno a los 40 m., y se encuentra integrado por una torre, tres líneas concéntricas de murallas, y un amplio espacio abierto en el área oriental. A los espacios interiores se accedía mediante un complejo sistema de circulación integrado por pasillos, pasadizos y puertas que proporcionan un aspecto laberíntico final a todo el conjunto.

Entre todos los ámbitos de este entramado destaca por su monumentalidad el gran patio trapezoidal que se sitúa al este. En su interior se ha documentado una estructura hidráulica que abastecería las necesidades de agua del asentamiento, y que se mantuvo abierto durante toda la ocupación del enclave. Esta construcción se ejecutó en forma de embudo, a través de sucesivas plataformas y paramentos de mampostería que van reduciendo progresivamente su superficie hasta llegar a un punto de forma circular, facilitando de esta manera su aproximación al nivel freático. Las gentes del Bronce llegaron a profundizar no sólo horadando la base de terraza fluvial y estratos de grava existente, sino incluso perforando bancos de roca caliza hasta alcanzar los niveles más inferiores de masa de agua subterránea.

El sistema defensivo también protegía un conjunto de recintos donde se gestionaban y controlaban las actividades económicas y productivas del poblado. Entre ellas destaca la presencia de un conjunto de grandes silos para el almacenaje de grano, como cereales y leguminosas. Asimismo sectores intermedios eran utilizados para depositar este grano o productos elaborados en contenedores como vasijas de cerámica o capachos de esparto. También destaca la presencia de una serie de hornos de planta circular o rectangular, realizados con zócalos de mampostería y cubierta abovedada de barro con distinto uso y aprovechamientos. Por otra parte, determinadas salas eran utilizadas como zonas de estabulación puntual del ganado, documentando especies como ovejas y cabras, vacas, cerdos y caballos. Un cinturón de gran tamaño de piedra caliza, en fechas tardía de la ocupación, en torno al 1500 a.n.e. cerró con su trazado concéntrico determinados sectores de la fortificación.

Al exterior de este núcleo se distribuyeron las casas y viviendas de los pobladores de la Motilla, en un radio aproximado de 50 m. Presentaron planta oval y rectangular, y se encuentran construidas con muros de tapial, en ocasiones con postes de madera embutidos en los mismos, y sobre pequeños zócalos de mampostería de piedra caliza, con una cubierta de techumbre vegetal.

La necrópolis coincide con  el área espacial del poblado, documentándose incluso bajo el piso de las propias viviendas, al exterior de estas cabañas, así como a los paramentos exteriores de la fortificación, participando de un patrón frecuente en las sociedades de la Edad del Bronce peninsulares. En este sentido, el ritual empleado es el de la inhumación individual, en la que el cadáver aparece flexionado, en posición fetal, dentro de fosas simples o revestidas por muretes de mampostería o pequeñas lajas hincadas, que a veces se adosaban a los muros de las viviendas o a los paramentos de las fortificaciones. Habitualmente los individuos infantiles fueron depositados en el interior de vasijas de cerámica.

En suma, la Motilla del Azuer constituye un yacimiento especial y singular, tanto por la monumentalidad y complejidad que es visible en buena parte de sus construcciones, como por su representatividad dentro del período pretérito del ser humano al cual queda adscrito. Todas estas particularidades pueden disfrutarse en las visitas guiadas que están organizadas en el propio enclave, y en las cuales les recomendamos que participen.

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