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Hacia el 736 a.C. un gobernante del reino de Kush, en el curso medio del Nilo, organizó una expedición hacia el norte para hacerse con el poder en territorio egipcio. Pianki, tal era su nombre, deseaba aprovechar el desgobierno imperante en la tierra de los faraones y, tal vez, hacerse coronar faraón él mismo. Conquistar Tebas y controlar el Alto Egipto le resultó muy fácil. Algo más complicado fue dominar el Delta, donde varios príncipes se disputaban el poder. Uno de ellos, Tefnakht, príncipe de Sais, sometió varios nomos e hizo frente a Pianki en Menfis. El rey kushita derrotó a Tefnakht y todo Egipto quedó bajo su poder. Se hizo coronar rey del Alto y el Bajo Egipto. Como buen faraón donó parte del botín de guerra al tesoro de los templos de los nomos conquistados, y por supuesto al gran templo de Amón en Karnak (Tebas).

Templo de Amón en Soleb (Nubia), construido en el reinado de Amenofis III (s. XIV a.C.)

Templo de Amón en Soleb, construido en el reinado de Amenofis III (siglo XIV a.C.)

Detalle de las columnas del templo de Amón en Soleb.

Detalle de las columnas del templo de Amón en Soleb

Por primera vez un rey de la lejana Nubia lograba la corona que antes habían ostentado grandes personajes como Tutmosis III o Ramses II. Pero inexplicablemente, nada más alcanzar su objetivo regreso a su ciudad de origen, Napata, en Kush. Tefnakht no tuvo ninguna dificultad para recuperar el poder en el Delta e instaurar su propia dinastía, la XXIV.

La capital kushita

Napata, una pequeña ciudad del sur, aguas arriba de la cuarta catarata del Nilo, debía ser por entonces un reflejo de Tebas en tierras nubias: varios templos dedicados a divinidades egipcias, palacios y una necrópolis en la orilla izquierda del río. Allí el Nilo corre de noreste a suroeste, por lo que los templos estaban orientados respecto al sol de forma distinta al gran santuario de Karnak, pero ¡qué importaba si se miraba de frente al padre Nilo, otorgador de vida!

Templo de Amón a los pies del Jebel Barkal (remodelado en el reinado de Tutankamon)

Templo de Amón a los pies del Jebel Barkal (remodelado en el reinado de Tutankamón)

Se estima que Napata fue fundada por una expedición egipcia enviada a Nubia por Tutmosis III hacia 1460 a.C. Los faraones del Imperio Nuevo ya habían asentado su poder en Nubia desde mucho antes, según atestigua una inscripción de Tutmosis II en Tombos. Dejaron inscripciones como testigo de su paso y construyeron fortalezas para instalar guarniciones, caso de una construida por el faraón Ahmose hacia 1550 a.C. en la isla de Sai, al sur de la segunda catarata. Tenían gran interés en controlar la ruta fluvial por la que llegaban a Egipto importantes mercancías del interior de África, en especial oro, pero también marfil, pieles de animales y especias.

Inscripción egipcia en un recodo del Nilo cerca de Kerma. Marcaba los dominios de los faraones.

Inscripción egipcia en un recodo del Nilo cerca de Kerma. Marcaba los dominios de los faraones

Probablemente Tutmosis III estableció una guarnición en el asentamiento de Napata y fundó un templo dedicado a Amón, aprovechando el carácter religioso atribuido por los nubios al Jebel Barkal, un monte amesetado cuya vertiente más escarpada mira al Nilo. En la tradición egipcia a este monte se le considera el hogar de Amón en el sur. Durante el reinado de Tutankamón se construyó un nuevo templo en Napata, también dedicado a Amón, que se convertiría en el principal santuario de la ciudad.

A raíz de la conquista de Kush por los egipcios, se encargó el gobierno del país a un virrey que ostentaba los títulos de “hijo real”, “hijo real de Kush” y “jefe del país del oro de Amón”; tal era la importancia que en la administración del reino egipcio se daba a Nubia. Esta amplia región fue dividida en dos provincias: el país de Uauat, que abarcaba desde Aswan hasta la segunda catarata (un poco al sur del actual Wadi Halfa); y el país de Kush propiamente dicho, que comprendía todas las tierras controladas a ambos lados del río entre la segunda y la cuarta catarata (junto a la actual Karima). Cada una estaba gobernada por un funcionario sometido al virrey.

mapa Nubia

Mapa de la antigua Nubia

El gobierno y la administración de Kush seguían el modelo egipcio, y el centro del poder debía estar en Napata, según se deduce por los numerosos e importantes restos arqueológicos que se concentran en su entorno. El virrey disponía de una pequeña tropa, los “arqueros de Kush”, cuya misión principal parece haber sido la de proteger las caravanas que transportaban oro hacia el norte.

El reino nubio

Pero el control de Kush por parte de Egipto no fue constante ni definitivo. Los faraones daban por segura la frontera sur y solían estar más ocupados en defender sus intereses en Siria frente a distintos enemigos. Sin embargo, al final de la dinastía XX las noticias sobre Kush desaparecen, y salvo por una expedición organizada en el reinado de Sheshonk I hacia 940 a.C. (dinastía XXII -Tercer Período Intermedio-), puede entenderse que Nubia se mantuvo independiente de los gobernantes tebanos. Esa independencia no supuso un alejamiento de las costumbres y cultos egipcios. Desde el templo de Amón de Jebel Barkal el clero local ejercía una gran influencia sobre la población, y en especial sobre los gobernantes, que mantuvieron fórmulas tradicionales egipcias en la mayor parte de los aspectos religiosos y políticos.

Pirámides de Napata; al fondo el Jebel Barkal

Pirámides de Napata, al fondo el Jebel Barkal

En adelante los reyes de Kush constituirían una sucesión dinástica con capital en Napata que desembocaría en el reinado de Pianki sobre Kush y Egipto (736-716 a.C. -dinastía XXV-). Este faraón recuperó la práctica de usar pirámides para enterrar a los reyes, como parte de la restauración de las costumbres del pasado egipcio. Se hizo enterrar en una en la necrópolis de El Kurru. Un detalle que se ha convertido, con el paso de los siglos, en el más llamativo de este reino, pues dio lugar a la construcción de decenas de pirámides en Nubia durante las dinastías posteriores.

Su sucesor, Shabaka, que restauró el poder de Kush en todo Egipto, también se hizo enterrar en una pirámide, en la necrópolis de El Kurru, al oeste de Napata. A Shabaka le sucedió Shabataka, sobrino suyo, que reinó pocos años.

Escultura del faraón Taharqa (izquierda). Museo de Kerma

Escultura del faraón Taharqa (izquierda). Museo de Kerma

Fue sustituido por Taharqa (690 a.C.), quien inmediatamente hubo de hacer frente a una invasión asiria en Palestina. Taharqa ha pasado a la historia por su labor administrativa y constructora en Egipto. Entre otras cosas, hizo construir un lago sagrado, un kiosco y una columnata ante el templo de Karnak de la que solo queda una columna, la más majestuosa de todo el conjunto. En su reinado también reconstruyó un templo de Amenofis III en Kaua (frente a la actual Dongola), e hizo edificar un nuevo templo en el Jebel Barkal decorado con imágenes del dios Seth.

En los últimos años de su reinado una invasión del rey asirio Asurbanipal le obligó a retirarse a Tebas, y de allí a Napata, donde moriría en 664 a.C. sin recuperar Egipto. Fue enterrado en una pirámide de la necrópolis de Nuri, no lejos del Jebel Barkal, en la orilla opuesta del Nilo.

Necrópolis de Nuri, en la orilla izquierda del Nilo (Napata)

Necrópolis de Nuri, en la orilla izquierda del Nilo (Napata)

Le sucedió su sobrino Tanutamón, también nubio, que impuso un breve control en todo el país, hasta que un nuevo ataque asirio derrotó a las tropas egipcias y llegó hasta Tebas. Tanutamón hubo de refugiarse también en Napata, de donde probablemente nunca más salió. Con él terminó la dinastía nubia en Egipto (655 a.C.), aunque sus familiares siguieron gobernando en Kush e incluso controlando el culto a Amón en Tebas pese al dominio asirio.

Pintura en la tumba del faraón Tanutamón, ca. 355 a.C. (necrópolis de El Kurru)

Pintura en la tumba del faraón Tanutamón, ca. 655 a.C. (necrópolis de El Kurru)

Tanutamón fue enterrado en El Kurru y su tumba, que puede visitarse, está decorada siguiendo los cánones funerarios del Imperio Antiguo. Es posible que sobre ella hubiese una estructura piramidal de adobe que ha desaparecido.

El reino de Kush terminaría abandonando parte de la cultura egipcia, por ejemplo la escritura jeroglífica, pero la costumbre de construir pirámides como monumento funerario pervivió hasta el siglo III a.C. Buen ejemplo de ello es la necrópolis de Nuri, donde no solo se erigió una pirámide funeraria para Taharqa, sino otras para muchos de los gobernantes posteriores y sus familias.

Hacia 590 a.C. un ataque de Psamético II contra el reino de Kush obligó a sus gobernantes a trasladarse más al sur, a una zona fértil próxima a la sexta catarata. Se asentaron en la ciudad de Meroe, convirtiéndola en la nueva capital. La necrópolis real de Nuri se mantuvo en uso, pese a la distancia, hasta el reinado de Ergámenes I. Este rey, a raíz de un conflicto con el clero de Amón en Jebel Barkal, despojó a los sacerdotes de su poder, cambió el culto de los dioses egipcios por otros de tradición local y sustituyó la necrópolis por otra en Meroe. Este es el origen de la agrupación de pirámides más interesante del reino nubio, las necrópolis norte y sur de Meroe, que estuvieron en uso hasta el siglo IV.

Bibliografía:

– ALI MOHAMED, A. y J. Anderson. Highligths from the Sudan National Museum. Jartum: The Sudan National Museum, 2013.
– DRIOTON, E. y J. Vandier. Historia de Egipto. Buenos Aires: EUDEBA, 1981.
– GRIMAL, N. Historia del Antiguo Egipto. Madrid: AKAL, 1996.

Reportaje fotográfico del autor sobre Nubia:

– SÁNCHEZ JAÉN, Jesús. “Nubia, la vida entre la arena y el Nilo”, en Ocholeguas.com: el portal de viajes de El Mundo. 18 de noviembre de 2014.

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